Experiencia de Dios en la vida laical (segunda parte)
Continuamos el desarrollo del tema planteado el año pasado, a saber, estamos planteando las bases para un esbozo de teología laical. En este artículo damos razón de algunas fuentes que documentan nuestra experiencia creyente.
Por Manuel Lozano.
Hemos tenido oportunidad en la última Asamblea del sector de hacer una consulta sobre la reacción de nuestros integrantes con respecto al tema. Tengo que agradecer la preocupación, la acogida, y la entrega que nuestros integrantes del Sector Perú tuvieron ante la revisión de los dos artículos anteriores. Es a partir de este evento ocurrido que me atrevo a continuar con renovado empeño este conjunto de escritos.
Recordemos que en el artículo anterior nuestro empeño fue señalar cuáles son los espacios en donde la vida laical encuentra un lugar de revelación y encuentro con Dios. En ese momento señalamos que los lugares principales de este encuentro eran la relación con el otro, la familia y la participación social. Respecto a este último punto vale la pena decir que dentro de esta participación social tenemos que destacar el compromiso con el mundo del trabajo, como un espacio preferente de testimonio y de encuentro con Dios y los demás.
FUENTES DE NUESTRA EXPERIENCIA DE DIOS
Siendo fieles a nuestro esquema de trabajo, nos corresponde señalar qué documentos, testimonios y experiencias fundamentan esta experiencia de encuentro con Dios dentro de la vida laical. Tratando de mencionar los principales, tenemos:
a) El testimonio y reflexión conjunta con hermanos y hermanas ss.cc. Para nosotros, sobre todo en los inicios del caminar hacia una identidad laical, la presencia activa y animadora de muchos hermanos y hermanas ss.cc. ayudó en muchos casos a clarificar el camino. Su presencia entre nosotros nos ayudó a definir fronteras, pero sobre todo a ser críticos de las diferentes posturas y mentalidades existentes en nuestra vida de relación entre hermanos, hermanas y laicos. A partir de estas “confrontaciones” hechas en un ambiente de mucha fraternidad, respeto y cariño mutuo, pudimos ir logrando tímidamente una voz y reflexión propias, que en este momento impulsa la producción de este documento colectivo.
Vale la pena decir a partir de nuestra experiencia, que las bases de una identidad laical no se pueden dar de espaldas a la tradición e identidad de la vida religiosa ni tratando de negarla de alguna forma. Es imperativo que en los lugares en donde se quiera promover a los laicos o a sus organizaciones se faciliten las condiciones para lograr espacios de dialogo en los que en un ambiente de comunión eclesial se puedan dar las condiciones de un diálogo complementario entre los estados de vida. Mientras que este diálogo y promoción de la ”voz propia” laical no se dé de esta forma, tendremos bajo una fachada de “organizaciones laicales”, testimonios de vida laical marcados por la dependencia y por la poca claridad del rol dentro de la vida congregacional y eclesial.
b) La vida comunitaria laical. En el sector Perú el nacimiento de una Rama Secular, tal como fue propuesta por el Gobierno General en su momento, tenía ya un antecedente que coincidió históricamente con la propuesta y que sin duda alguna catalizó el proceso: este es el proceso de formación de las comunidades de vida laical en el Perú.
Tenemos que decir que antes de la convocatoria que trajo como consecuencia el documento de Roma, habían ya en años anteriores una serie de reuniones de diferentes grupos, que habiendo gozado de un proceso de formación en comunidad desde una experiencia de pastoral juvenil dentro de la Congregación, decidieron reunirse para formar una propuesta de seguimiento en la vida adulta.
Desde esa realidad es que asumimos el compromiso, y podemos decir, nos sentimos confirmados en nuestro empeño en consolidar una opción vocacional propia dentro de la Congregación.
Pero vale la pena decir también que esa experiencia de vida comunitaria a la que hacemos referencia tiene unas características particulares, que le otorgan sentido y valor. Para nosotros, la dinámica de vida comunitaria laical posee:
• Una preocupación especial por el proyecto de vida de los miembros. Es este uno de los ejes principales de la vida comunitaria laical. Entendemos el Proyecto de vida como la respuesta de nuestra vida concreta al llamado de Dios, y es la base de nuestro testimonio y presencia tanto en la Iglesia como en el mundo.
• El ejercicio de la Revisión de Vida en comunidad. Que es un proceso de análisis, contemplación y propuesta del proyecto de vida en la acción cotidiana del laico. La comunidad centra sus esfuerzos en acompañar a los miembros, revisa sus hechos de vida a la luz de la Palabra de Dios y se compromete a llevar a la vida lo encontrado y decidido en la reunión. Este es un proceso que abarca toda la vida y todas las vidas de los integrantes, y que se hace en un clima de fraternidad y oración personal y comunitaria.
• El envío de los integrantes a cumplir un apostolado concreto dentro de la vida cotidiana, animados por la Espiritualidad SS.CC. Desde la comunidad, se promueve un regreso a la vida, la búsqueda de un apostolado cada vez más cercano a los que viven el día a día con nosotros, en el trabajo, la familia, la sociedad, y la pertenencia eclesial. Nuestro principal espacio de encuentro con Dios es la vida cotidiana, y también es nuestro principal espacio de evangelización.
Reconocemos en esta experiencia de vida comunitaria, uno de los procesos que favorece ahora la posibilidad de una identidad laical ss.cc. En tal sentido, es importante considerar, para las siguientes generaciones, que existe también una necesidad de promover y apoyar decididamente experiencias de pastoral juvenil comunitaria que lleven luego a un compromiso laical en la vida adulta. Esto fue fundamental para nosotros, y creemos que, ajustes más o menos, sigue siendo necesario para las generaciones que vienen.
c) Documentos que apoyan una lectura de la identidad como una llamada de Dios dentro de la Iglesia. También tenemos que mencionar que mucho de lo encontrado y vivido lo tenemos gracias al esfuerzo de producción de textos de nuestro magisterio, y de las Conferencias Episcopales de América Latina en especial. Capítulo aparte merecen muchos de los documentos producidos también al interior de la Congregación que a pesar de no ser muchos, han sido de mucho apoyo. Sin ser muy exhaustivos, tenemos que citar:
• Los Documentos de las Asambleas Episcopales Latinoamericanas ( en especial la de Puebla).
• La Carta Encíclica Christifideles Laici.
• Comunidad, pueblo, evangelio de Ronaldo Muñoz ss.cc.
• Desde la Vida, Héctor de Cárdenas ss.cc.
• El Dios de la Vida, de Gustavo Gutiérrez.
• La Práctica de Jesús, de Hugo Echegaray.
Podríamos quizás dar por terminado este texto, pero nos atrevemos a invitarte a ti lector, para que tomes una posición crítica frente a lo expresado. Te proponemos involucrarte en la reflexión, añadiendo, corrigiendo o ampliando estas líneas, que esperamos motiven un mayor compromiso con nuestra iglesia y nuestra Congregación.
Por Manuel Lozano.
Hemos tenido oportunidad en la última Asamblea del sector de hacer una consulta sobre la reacción de nuestros integrantes con respecto al tema. Tengo que agradecer la preocupación, la acogida, y la entrega que nuestros integrantes del Sector Perú tuvieron ante la revisión de los dos artículos anteriores. Es a partir de este evento ocurrido que me atrevo a continuar con renovado empeño este conjunto de escritos.
Recordemos que en el artículo anterior nuestro empeño fue señalar cuáles son los espacios en donde la vida laical encuentra un lugar de revelación y encuentro con Dios. En ese momento señalamos que los lugares principales de este encuentro eran la relación con el otro, la familia y la participación social. Respecto a este último punto vale la pena decir que dentro de esta participación social tenemos que destacar el compromiso con el mundo del trabajo, como un espacio preferente de testimonio y de encuentro con Dios y los demás.
FUENTES DE NUESTRA EXPERIENCIA DE DIOS
Siendo fieles a nuestro esquema de trabajo, nos corresponde señalar qué documentos, testimonios y experiencias fundamentan esta experiencia de encuentro con Dios dentro de la vida laical. Tratando de mencionar los principales, tenemos:
a) El testimonio y reflexión conjunta con hermanos y hermanas ss.cc. Para nosotros, sobre todo en los inicios del caminar hacia una identidad laical, la presencia activa y animadora de muchos hermanos y hermanas ss.cc. ayudó en muchos casos a clarificar el camino. Su presencia entre nosotros nos ayudó a definir fronteras, pero sobre todo a ser críticos de las diferentes posturas y mentalidades existentes en nuestra vida de relación entre hermanos, hermanas y laicos. A partir de estas “confrontaciones” hechas en un ambiente de mucha fraternidad, respeto y cariño mutuo, pudimos ir logrando tímidamente una voz y reflexión propias, que en este momento impulsa la producción de este documento colectivo.
Vale la pena decir a partir de nuestra experiencia, que las bases de una identidad laical no se pueden dar de espaldas a la tradición e identidad de la vida religiosa ni tratando de negarla de alguna forma. Es imperativo que en los lugares en donde se quiera promover a los laicos o a sus organizaciones se faciliten las condiciones para lograr espacios de dialogo en los que en un ambiente de comunión eclesial se puedan dar las condiciones de un diálogo complementario entre los estados de vida. Mientras que este diálogo y promoción de la ”voz propia” laical no se dé de esta forma, tendremos bajo una fachada de “organizaciones laicales”, testimonios de vida laical marcados por la dependencia y por la poca claridad del rol dentro de la vida congregacional y eclesial.
b) La vida comunitaria laical. En el sector Perú el nacimiento de una Rama Secular, tal como fue propuesta por el Gobierno General en su momento, tenía ya un antecedente que coincidió históricamente con la propuesta y que sin duda alguna catalizó el proceso: este es el proceso de formación de las comunidades de vida laical en el Perú.
Tenemos que decir que antes de la convocatoria que trajo como consecuencia el documento de Roma, habían ya en años anteriores una serie de reuniones de diferentes grupos, que habiendo gozado de un proceso de formación en comunidad desde una experiencia de pastoral juvenil dentro de la Congregación, decidieron reunirse para formar una propuesta de seguimiento en la vida adulta.
Desde esa realidad es que asumimos el compromiso, y podemos decir, nos sentimos confirmados en nuestro empeño en consolidar una opción vocacional propia dentro de la Congregación.
Pero vale la pena decir también que esa experiencia de vida comunitaria a la que hacemos referencia tiene unas características particulares, que le otorgan sentido y valor. Para nosotros, la dinámica de vida comunitaria laical posee:
• Una preocupación especial por el proyecto de vida de los miembros. Es este uno de los ejes principales de la vida comunitaria laical. Entendemos el Proyecto de vida como la respuesta de nuestra vida concreta al llamado de Dios, y es la base de nuestro testimonio y presencia tanto en la Iglesia como en el mundo.
• El ejercicio de la Revisión de Vida en comunidad. Que es un proceso de análisis, contemplación y propuesta del proyecto de vida en la acción cotidiana del laico. La comunidad centra sus esfuerzos en acompañar a los miembros, revisa sus hechos de vida a la luz de la Palabra de Dios y se compromete a llevar a la vida lo encontrado y decidido en la reunión. Este es un proceso que abarca toda la vida y todas las vidas de los integrantes, y que se hace en un clima de fraternidad y oración personal y comunitaria.
• El envío de los integrantes a cumplir un apostolado concreto dentro de la vida cotidiana, animados por la Espiritualidad SS.CC. Desde la comunidad, se promueve un regreso a la vida, la búsqueda de un apostolado cada vez más cercano a los que viven el día a día con nosotros, en el trabajo, la familia, la sociedad, y la pertenencia eclesial. Nuestro principal espacio de encuentro con Dios es la vida cotidiana, y también es nuestro principal espacio de evangelización.
Reconocemos en esta experiencia de vida comunitaria, uno de los procesos que favorece ahora la posibilidad de una identidad laical ss.cc. En tal sentido, es importante considerar, para las siguientes generaciones, que existe también una necesidad de promover y apoyar decididamente experiencias de pastoral juvenil comunitaria que lleven luego a un compromiso laical en la vida adulta. Esto fue fundamental para nosotros, y creemos que, ajustes más o menos, sigue siendo necesario para las generaciones que vienen.
c) Documentos que apoyan una lectura de la identidad como una llamada de Dios dentro de la Iglesia. También tenemos que mencionar que mucho de lo encontrado y vivido lo tenemos gracias al esfuerzo de producción de textos de nuestro magisterio, y de las Conferencias Episcopales de América Latina en especial. Capítulo aparte merecen muchos de los documentos producidos también al interior de la Congregación que a pesar de no ser muchos, han sido de mucho apoyo. Sin ser muy exhaustivos, tenemos que citar:
• Los Documentos de las Asambleas Episcopales Latinoamericanas ( en especial la de Puebla).
• La Carta Encíclica Christifideles Laici.
• Comunidad, pueblo, evangelio de Ronaldo Muñoz ss.cc.
• Desde la Vida, Héctor de Cárdenas ss.cc.
• El Dios de la Vida, de Gustavo Gutiérrez.
• La Práctica de Jesús, de Hugo Echegaray.
Podríamos quizás dar por terminado este texto, pero nos atrevemos a invitarte a ti lector, para que tomes una posición crítica frente a lo expresado. Te proponemos involucrarte en la reflexión, añadiendo, corrigiendo o ampliando estas líneas, que esperamos motiven un mayor compromiso con nuestra iglesia y nuestra Congregación.
Comentarios
Publicar un comentario