Tercera parte del tema...

Bueno , estoy incluyendo la tercera parte del tema de experiencia de Dios...

EXPERIENCIA DE DIOS EN LA VIDA LAICAL, aproximaciones a la práctica
(Tercera parte)
por Manuel Lozano

Para terminar esta secuencia de temas relacionado a la experiencia de Dios, en esta oportunidad nos aproximaremos a esbozar algunas propuestas que podrían germinar en el futuro y que nos permitan seguir madurando nuestro compromiso laical y dentro de este, la reflexión de una identidad eclesial más definida y más comprometida.

Algunas de estas propuestas ya se realizan de alguna manera dentro de algunos espacios o propuestas pastorales, por lo tanto, la mención es tan sólo resaltar la importancia de mantener o hacer más presente esta práctica, en función de una mayor promoción de la vida laical.

ORACIÓN Y VIDA LAICAL.
Generalmente la experiencia de oración es un aspecto del compromiso laical que generalmente es tomado con muy poca seriedad. Sin embargo, es conocido que muchos laicos tienen en la vida diaria, experiencias de oración apoyadas en esta circunstancia. Es muy poco probable que encontremos laicos sumergidos en experiencias de oración que los alejen de su realidad. Una de las constantes de esta oración laical es la cercanía con lo que cotidianamente viven.

¿Es posible hablar de una mística de la oración laical? Quizás tengamos que decir a favor de esta posibilidad que las conversaciones con varios laicos sobre el tema está marcada por una necesidad de “orar la realidad” para poder actuar comprometidamente: ora la madre de familia preparando la lonchera de sus hijos o el trabajador yendo al trabajo, que reza un padrenuestro con la intención de hacer un buen día con sus compañeros, el maestro cuando prepara su clase, el empresario cuando tiene que tomar alguna decisión que involucra el crecimiento de su empresa, el padre de familia cuando intenta comunicarse efectivamente con su esposa y sus hijos, en fin, las circunstancias de la vida laical tienen siempre estos “picos” que ocurren a diario en nuestras vidas. Quizás haya que decir a favor que lo que ocurre no es solamente una intención de conseguir una “protección divina” o un “favor de Dios” para la acción, es algo más que eso. Podríamos decir que cuando un laico reza en medio de la acción es que se está ofreciendo a sí mismo como ofrenda, que está tratando de atraer con su acción la atención de Dios sobre esa realidad en la que intenta intervenir. Lo que muchas veces vemos es como Dios obra en estas situaciones construyendo nuevas posibilidades de las cuales nos invitan a renovar nuestro compromiso y nuestro testimonio.

La oración es estonces más que “en la acción” una oración “acerca de la acción”; la actitud más básica es la confianza en la voluntad de Dios y el estilo de la acción es la de una que pretende desde lo que somos, entregar algo a los demás, ese algo puede ser unas palabras, un esfuerzo, algo que tenemos que desprendernos. Es esta oración la que hacemos los laicos, la que lleva más allá nuestro día a día, y convierte una acción en Evangelio.

En este sentido, cuando hablamos de la oración laical, podríamos ensayar algunas necesidades o retos para hacer de esta una verdadera escuela o camino de oración:

- Urge profundizar los temas de esta práctica. Esta experiencia de oración puede también terminar en el vacío o mecanizarse para satisfacer nuestra conciencia. Necesitamos darle a esta experiencia un fondo formativo, que nos lleve a la reflexión bíblica y a la práctica sacramental.
- Llevar esos motivos de oración a la experiencia comunitaria. Es importante llevar lo que vamos cultivando personalmente a la oración comunitaria. Es en nuestras comunidades donde recogemos nuevos caminos para continuar profundizando nuestra oración y nuestra vida. Confiar en la presencia del Espíritu en la oración comunitaria que nos dará las claves para continuar con nuestro esfuerzo para vivir en el mundo desde el corazón de la Iglesia.
- Madurar nuestro proyecto personal a la luz de esta experiencia de oración. No podemos separar este camino de oración de un proyecto personal que responda a ella. Somos conscientes que cada experiencia de oración nos descubre un lado nuevo de nuestra experiencia con el Señor, y que nuestra vida tiende con esta experiencia a buscar que estar más cerca de su presencia. Por lo tanto, lo más importante en este aspecto es revisar cómo estamos haciendo que toda nuestra vida nos conduzca a una comunión más cercana a Dios. Para esto los laicos podemos someter a revisión nuestro proyecto personal de vida, tema que trataremos de abordar en próximos artículos, y que es una herramienta para madurar nuestro compromiso.

PROFUNDIDAD DE NUESTRAS RELACIONES HUMANAS.
Es curioso citar este tópico dentro de un tema como este, sin embargo, creo que para hablar de la experiencia de Dios dentro de nuestra vida laical, hay que pasar necesariamente por él. Para nosotros los laicos, el relacionarnos con los demás es una manera de comprometernos con Jesucristo. La vida laical es un camino de búsqueda de la voluntad de Dios en compañía de Jesucristo, nuestro prójimo.

En medio del mundo, un tejido infinito de intereses y de voluntades se despliega día a día delante de nuestros ojos, y no podemos ser ajenos a ese reto. Relacionarnos con los demás, es no sólo una manera de vivir nuestra vida cotidiana, sino también nuestro principal campo de evangelización. Los laicos, a diferencia de otros estados de vida, tenemos poca oportunidad de abordar las plazas, o ser reconocidos públicamente. Nuestro principal escenario es el de la relación con el que comparte mi mesa, mi trabajo, mi casa, el barrio. A ellos llevo yo lo mejor de mi amor por Dios, ellos son mi prójimo. No hay más que pensar cómo vivo yo esas relaciones, cual es mi responsabilidad con cada uno de ellos.

Los laicos estamos llamados a cultivar finamente estos espacios de relación con los demás, no por interés propio, ni por el afán de ser reconocidos como buenos. Las relaciones son para nosotros un medio para hacer presente el Reino de Dios; cada conexión con un corazón humano es una oportunidad de hacer crecer esta fraternidad humana que Dios quiere, por lo tanto nuestro trabajo personal debe llevarnos a preocuparnos y a ser cada día más cuidadosos en nuestras relaciones.

De todos los espacios, el familiar resulta el más urgente de compromiso. Estamos llamados a construir relaciones familiares que hablen de humanidad, de respeto por el otro, de corresponsabilidad. Las familias necesitan refrescarse con personas que vivan comprometidas con el diálogo, la búsqueda de mayor trato afectivo y también de un mayor compromiso por la madurez humana. Los que somos padres y madres, tenemos en este espacio una gran oportunidad para servir al Señor, siendo amigos de nuestros cónyuges y familiares más próximos, acogiendo el perdón y la conversión como una herramienta para construir cada día mejores relaciones. También nuestros hijos son una oportunidad de cultivar el Amor de Dios a través de nuestra preocupación por ellos, en las buenas y en las malas.

En los espacios de trabajo o de relaciones interpersonales, estamos llamados a construir verdaderas relaciones de amistad. La fraternidad es uno de los frutos que habla por si sola de lo mucho que Dios nos ama. No necesitamos convertirnos en guías de los demás, el mundo necesita amigos sinceros, personas que reconozcan que todos somos importantes y valiosos, y que hemos sido invitados a este mundo para lograr entre todos una gran familia. Convertir esto en realidad ya es un buen logro. Lo demás está sin duda en las manos de Dios.

Las relaciones humanas son esta perspectiva, toda una búsqueda de Dios en el otro, de lo que me quiere decir cada persona, del valor que tiene su palabra y su acción. Dejar de lado lo que los demás nos dicen, es dejar de escuchar a Dios, por lo tanto, debemos sentirnos llamados a convertirnos constantemente en nuestras relaciones humanas. La comunidad, la corrección fraterna y el compartir en esto son las escuelas más efectivas de fraternidad que tenemos en nuestra experiencia creyente.

Hasta aquí algunas pistas que venimos encontrando en nuestro caminar, esperamos que hayan despertado nuevas preguntas. Como siempre, abrimos el diálogo a aquellos que quieran compartir algo de lo que hemos expresado, pueden escribirnos a ramasecular@yahoo.com . Muchas gracias.

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